Las pastillas para bajar de peso pueden ayudar. Entonces, ¿por qué no las usan más personas?

Durante décadas, los médicos han buscado el sueño de cualquier persona que hace dieta de perder peso: una píldora que podría reducir los kilos sin ningún efecto perjudicial.

Su búsqueda es un reconocimiento de que perder peso y mantenerlo no es solo una cuestión de fuerza de voluntad, de resistir la llamada de sirena del helado en la nevera.

Una nueva investigación ha demostrado que el aumento de peso cambia el cerebro y el cuerpo. E incluso cuando nos morimos de hambre, a menudo no podemos revertir esas alteraciones. Así que, lentamente, volvemos a subir las libras porque nuestros cerebros creen que los necesitamos.

A principios de los años 90, los médicos pensaron que habían encontrado oro con una combinación de drogas, fenfluramina y fentermina, o fen-phen, que parecía derretir mágicamente la grasa. Pero dentro de un par de años, algunos pacientes comenzaron a desarrollar efectos secundarios muy aterradores: daño a las válvulas cardíacas que podría provocar insuficiencia cardíaca y un tipo de presión arterial alta, hipertensión pulmonar, que resultó ser fatal en algunos casos.

La Administración de Drogas y Alimentos pidió a los fabricantes de medicamentos que retiren la fenfluramina, la parte culpable del combo, lo cual hicieron. La atención de los medios que siguió asustaría a los pacientes con las píldoras de dieta durante años, un temor que continúa hoy en día.

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